Derechos Humanos y nuevas tecnologías (I). Introducción. Derecho natural y positivo.

Podríamos entender los Derechos Humanos como unos derechos que posee el ser humano por el hecho de serlo, por su propia naturaleza y dignidad. No se obtienen por concesión política, sino por el mero hecho de ser humano. Según PÉREZ LUÑO, si pidiéramos una definición de “Derechos Humanos” a cualquier persona, la vacilación con la que responderá no dependerá tanto del razonamiento sobre el concepto, sino propiamente por la inherencia de éstos conceptos con la vida humana, lo que parece comprensible al integrarse en el “patrimonio del lenguaje común”, influido por las vicisitudes históricas y sociales del momento.

El hombre de la Edad Media también tenía derechos (recordemos que procedían de una tradición estoicista y cristiana, donde priman los valores como la “igualdad humana”), aunque no fueran reconocidos de forma política. La conciencia de su existencia sí que es propia de tiempos modernos, pero no implican la negación de ése carácter innato: así también lo cree PÉREZ LUÑO, y lo corrobora explicando la inherencia de la génesis de los Derechos Humanos a las revoluciones burguesas y el ambiente del S. XVIII.

De hecho, no se aprecian claramente hasta el clima ilustrado de la modernidad, donde ocurren como expresión de un paradigma basado en facultades de índole jurídica y política dotadas a los hombres. La evolución desde aquella época a la actual, por la inevitable influencia de las circunstancias jurídicas y fácticas de nuestra sociedad (la aparición de postulados racionalistas, el valor de la historia, etc.), nos ha llevado a dotar de un estatus privilegiado a los Derechos Humanos, considerándolos propios de la humanidad.

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Aunque no se requiera específicamente un reconocimiento estatal de tales derechos para su existencia, esta preeminencia de los Derechos Humanos sobre todo lo demás se concreta en las consagraciones que existen en las Constituciones de los Estados de Derecho (fundamentalmente), donde su respeto sirve como criterio de legitimidad del propio poder de la ley.

Para DWORKIN, resulta evidente que si el Gobierno no se toma los derechos en serio, tampoco se está tomando con seriedad el Derecho. Resulta curioso, pues es justo la lucha contra la opresión política y las injusticias estatales la que ha servido de germen para la proliferación de los Derechos Humanos. Las asimetrías sociales se han erigido como el principal motor reivindicativo a lo largo de la historia, exigiendo el reconocimiento de la capacidad de los grupos afectados para luchar por tales derechos, lo cual implica la “liberación” de la opresión y el reconocimiento institucional de esas garantías.

El fundamento de los Derechos Humanos versa en gran parte respecto a su positivización. La doctrina sostiene distintas tesis frente a su fundamentación, difiriendo sustancialmente en la fundamentación moral o ética. Respecto a la “positivización” de los Derechos Humanos se sostienen igualmente otras que en lo siguiente analizaremos.

En tanto hemos visto que son derechos inherentes a la condición humana, el proceso de positivización de esas ideas parece más apropiado para los Derechos Fundamentales que para los Derechos Humanos, y respecto a dicha positivización se esgrimen varias teorías que resumen en esencia las opiniones frente a éste tema.

Dentro de ellas encontramos la clásica división entre iusnaturalistas y positivistas: los primeros creerán que la fundamentación de éstos derechos se encuentran en el orden natural, los segundos que son simplemente normas, carentes de criterios de valoración en sí. ¿Tiene entonces sentido contemplar de forma positiva unos derechos inherentes a la condición humana?

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Existen tres agrupaciones de corrientes que se analizarán brevemente para entender el abanico de posiciones doctrinales existentes. Encontramos a los positivistas, los cuales afirman que el único derecho existente es el que ha creado el hombre para el hombre para su autorregulación y, al contrario que los iusnaturalistas, consideran el reconocimiento positivo del derecho como condición básica para su existencia. El pensamiento de que existen normas innatas, en opinión de este grupo, son inaceptablemente metafísicos. BENTHAM advertirá del peligro que supone antener la teoría de los derechos naturales al provocar un continuo clima de resistencia a todas las leyes fueran cuales fueran, manteniendo el espíritu insurrecto ante cualquier forma de gobierno (legitimando la deslegitimación, se podría decir).

También aparecen las posturas realistas, que condicionan la positivización a las condiciones económicas y sociales que permiten disfrutar de esos derechos: derechos que precisamente el hombre ha ido exigiendo a lo largo de la historia. Así los realistas encontrarían la práctica de los derechos fundamentales no en su constitución, sino en las relaciones de poder que le sirven de soporte (teoría esgrimida en gran parte por el movimiento socialista).

Por último tenemos a los iusnaturalistas, que defienden la existencia de un derecho natural, anterior a todo derecho positivo, que precisamente fundamenta la existencia de los Derechos Humanos por tener la misma naturaleza (para ellos los derechos no se otorgan; no son una concesión, sino que se reconocen en su preexistencia y se cumplen) y opinan que la función del proceso de positivización se constituye como una declaración, no una creación o constitución.

Cabría decir respecto a las posturas del derecho natural que en épocas del iusnaturalismo racionalista (s. XVII y XVIII), en tiempos donde se consolidaba la noción de derecho subjetivo, el reconocimiento de unos derechos inherentes al hombre que la ley ha de garantizar otorga un estatus privilegiado y central a éstos derechos, donde este mismo se antepone a la organización jurídica y política incluso, lo que ha provocado la proliferación de Declaraciones de Derechos y la gravitación de las Constituciones en torno a tales, encontrando incluso la justificación científica de la existencia del Derecho desde cualquier dimensión teórica.

Bibliografía:
«Los Derechos Humanos». TRUYOL Y SERRA, A. (Ed. Tecnos)
«Derechos Humanos, Estado de Derecho y Constitución». PÉREZ LUÑO, A.E. (Ed. Tecnos)
«La Tercera Generación de Derechos Humanos». PÉREZ LUÑO, A.E. (Ed. Aranzadi)
«Repensar Derechos Humanos. De la anestesia a la sinestesia». SÁNCHEZ RUBIO, D. (Ed. Mad).
«Los Derechos Humanos como derechos subjetivos». VIDAL GIL, E.J. en «Derechos Humanos» (Ed. Tecnos). VV.AA.
«Lecciones de Teoría del Derecho y Derecho Natural». FERNÁNDEZ GALIANO, A.; DE CASTRO CID, B. (Ed. Universitas)




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